martes, 4 de octubre de 2011
75. BARCELÓ, Miquel: ´Mi relación con Mallorca siempre ha sido difícil´
El artista participó ayer en un coloquio en Palma, donde atribuyó "las críticas violentas" que recibió ´Los pasos dobles´, cinta que protagoniza y que ganó la Concha de Oro en San Sebastián, a que algunos espectadores "no le encontraban sentido"
Barceló en estado puro, sin máscaras, próximo, con un micrófono y con la Concha de Oro ganada en el festival de San Sebatián con Los pasos dobles aún calentita. "Las críticas agresivas han venido de aquellos que no le encontraban sentido a la película", señaló ayer en Palma, Mallorca, una isla con la que, según confesó, "siempre he mantenido una relación difícil".
Barceló llegó con unos minutos de retraso a su cita en CaixaFórum, un coloquio organizado por la Mallorca Film Commission en el que también participaron Isaki Lacuesta, director de Los pasos dobles y de la otra película dedicada al pintor felanitxer, Cuaderno de barro, centrada en la representación de Pasodoble en Malí; Agustí Torres, realizador de El mar de Barceló, sobre la creación de la cúpula de la ONU en Ginebra; y Luis Ortas, autor de Mar de fang, que aborda la decoración de la capilla de San Pedro en la catedral. Quizá la culpa de su tardanza la tuviera la red viaria. "Viniendo de Artà [donde vive parte del año] o de Felanitx a Palma, uno advierte los horrores" cometidos sobre el paisaje de una isla en la que abundan las "putas rotondas y autopistas", espetó a preguntas de un público que llenó la sala de conferencias y que dejó sin sillas a muchas personas, entre ellas la exalcaldesa Aina Calvo.
El acto, conducido por la periodista Gina Garcías, comenzó adentrándose en los Cuadernos de África de Barceló, el diario en el que el pintor español vivo más cotizado reflexiona sobre la vida, el paso del tiempo y la muerte, tres cuestiones centrales en su obra y en su vida. "Solo escribo cuando no tengo nada que hacer. Escribir los Cuadernos de África fue una imprudencia. Nunca pensé que se publicarían", confesó.
Un blanco en Malí
No sin antes aclarar que "en África no paso desapercibido, soy blanco", recordó cómo llegó a Malí, el país del que salieron las estilizadas siluetas con las que encandiló a la gente hace ya casi veinte años. "Llegué a Malí por el desierto, sin saber muy bien dónde iba, y poco a poco descubrí localidades como Segu, Gogolí o Gao, "la ciudad más pobre de uno de los países más pobres del mundo", en el que, a pesar de que "los niños me tiren cosas, haya animales por todo, y muchas abejas y mosquitos", le ofrece la oportunidad de trabajar "concentrado", aún viviendo "situaciones muy crudas".
Los pasos dobles, película que protagoniza Barceló y que ha tenido que defender frente a algunos ataques de la prensa, es una cinta "en la que reconozco cosas de mi mundo propio", apuntó el artista, para quien esa película, tan aplaudida como fustigada, "es algo así como una pintura en movimiento".
"Lo normal hubiera sido la indiferencia", comentó Barceló, quien recordó la intervención de "un perturbado" en la rueda de prensa posterior a la entrega de la Concha de Oro: "Le preguntó a Isaki Lacuesta [el director] cómo, con la cantidad de actores que hay en el paro, se le había ocurrido hacer una película sobre este hombre que ni siquiera es actor".
Barceló, que también se considera actor –"cuando te filman, ya lo eres"–, relató anécdotas sobre los trabajos recogidos en las películas de Lacuesta, Ortas y Torres, como los múltiples cambios que sufrió el proyecto de la sala XX del Palacio de la ONU en Ginebra, cuyo techo pensaba pintar en un principio en una performance con 40 músicos y bailarines y que finalmente derivó en un proceso de enorme dificultad técnica plagado de complicaciones. "El fracaso es un derecho artístico como el suicidio es un derecho humano", expresó.
También desveló que Agustí Villaronga "probó, hace ya muchos años, hacer una película conmigo sobre François Augiéras [el pintor y escritor en el que se inspira Los pasos dobles], pero desistió al no encontrar financiación, como siempre".
El pintor mallorquín afirmó que "el proceso de una obra es parte de la obra" y confesó que "cada día" trata de averiguar "qué sentido tiene lo que hago; lo peor de todo es pensar que el trabajo artístico no tiene sentido", algo que, según dijo, le pasa a menudo.
Barceló contó que necesita trabajar solo y que cuando quiere "desconectar" escucha a "Bach, Miles Davis, Hendrix o Camarón", también la radio e incluso "partidos de fútbol antiguos".
El creador de Felanitx también aludió a las connotaciones sexuales del trabajo con barro, una de las constantes de su obra, puesto que ese material, "el más primigenio", "es carnal y tiene memoria, como la piel", argumentó.
El ciclo Cine y Arte, en el que se enmarcaba el coloquio, continuará hoy con la proyección de El mar de Barceló y mañana, con Mar de fang, ambas a las 20,30, en CaixaFórum (plaça Weyler).
Fuente: G. RODAS.
sábado, 1 de octubre de 2011
75. RIERA FERRARI, Joan;´Me he inventado el drama de la roca mallorquina´
Entrevista de Matías Vallés. 01-10-2011.
Joan Riera Ferrari (Manacor, 1942), nieto de italiano, pintó su primer cuadro a los ocho años. Estudió Bellas Artes en Barcelona, regresó a su ciudad natal y trabajó en la decoración de hoteles como Tucán, Cala d´Or Garden o Robinson. Su pintura de grosor inusitado simboliza una visión personal de la costa mallorquina, que ha derivado hacia la escultura y la joyería.
Para que se haga cargo del tipo de entrevista: "¿Queda algo por pintar?"
–Me falta tiempo para lo que me queda por pintar. Me llaman en Joan de ses roques, pero hago otras cosas. Pinté mi primer cuadro a los ocho años, con una caja de pinturas que me regalaron a la muerte de mi madre.
–Usted pinta de frente.
–Pinto encima de una mesa, no podría utilizar caballete para sostener cuadros en que el grosor de la obra alcanza los 25 centímetros. Soy un mártir de la materia. Al principio realizaba paisajes costeros típicos, hasta que me centré en las rocas mallorquinas por sí mismas, no he visto nada igual en otras zonas del Mediterráneo.
–Esos peñascos parecen salidos de su cabeza.
–Mi pintura no tiene nada que ver con Mallorca, sólo con el drama de la roca mallorquina, que me he inventado. Cojo la barca y doy una vuelta. Una vez en el estudio, hago una composición de lo que he visto.
–En sus cuadros faltan los simpáticos chalets.
–Prefiero pintar el envejecimiento del mineral, sin construcciones humanas ni tampoco vegetación. La roca es la frontera con el resto del mundo.
–Le preocupa más la supervivencia física que estética de sus obras.
–Someto a todos mis cuadros a un chorro de agua a presión de 120 atmósferas, por eso se conservan perfectamente décadas después. Han de durar, me fabrico mi propia pintura. Hace poco me vendieron un látex no muy correcto. Aparecieron crujidos, y retiré las obras del mercado. Si una pintura no me satisface, la quemo.
–Los artistas mallorquines pintan en alemán.
–Este año hay muchos suizos, pero nunca pienso en los clientes. En mi vida me he propuesto que me compraran un cuadro, que vengan si les gusta. Con la crisis, el número de compradores ha bajado un 25 por ciento.
–¿Retrataría a su compatriota Rafael Nadal?
–Le he retratado dos veces, y ahora pintaré a su novia. Le regalé los retratos, le gustaron y se interesó por los detalles de la pintura. Admiro mucho a Rafael Nadal, sobre todo porque es una gran persona.
–También retrató a Amparo Muñoz y María José Cantudo, las musas de la transición.
–Amparo Muñoz es la mujer más bella que he visto jamás en persona, y en las fotos se perdía la mitad de su belleza. La Cantudo no era tan guapa, pero ganaba mucho por su fotogenia.
–El Cristo de Riera Ferrari escandalizó a Manacor.
–Supongo que fue la primera instalación montada en Mallorca. Era el año 1968, y coloqué al Cristo del revés, cabeza abajo, en la iglesia donde Martín Descalzo iba a explicar el Concilio. El conferenciante me dijo que "has tenido una idea genial". Sin embargo, me escupían por la calle, mi teléfono sonaba a todas horas con llamadas insultantes y el cardenal Tarancón se refirió a mí como "el subnormal de Manacor". Yo sólo quería un golpe de aire que renovara las imágenes cubiertas de polvo.
–Me impresionó que la bailarina Alicia Alonso siempre cite a la prensa en un piso repleto de cuadros de Riera Ferrari.
–No lo sabía, pero tengo más clientes fuera de Mallorca que dentro. En California, en Alemania, en Bélgica.
–Los artistas no deberían ser joviales y con buen humor.
–No entiendo por qué. Los jóvenes creadores no han padecido una guerra ni han pasado hambre, no hay que sufrir por gusto. Yo no soy conceptual, sino clásico, y pienso como Picasso que las musas te han de coger trabajando, en vez de tomando una cerveza en el mar.
–¿Pintando mucho se acaba pintando peor?
–Sí, y yo lo hago. Ahora he estado un mes sin pintar ni un solo cuadro, nunca me había pasado.
–¿Cuando pintaba a efebos nubios le hablaron de la revolución egipcia?
–Los nubios no se alteran por nada. Le pregunté a uno por qué no tenían luz y me contestó que "si la tuviéramos, pisaríamos nuestras sombras". En cambio, un catedrático de Egiptología de El Cairo ya me dijo hace dos años que se estaba preparando algo gordo.
–Diseña joyas con gambas, qué sacrilegio.
–¿Por qué? Le doy la forma que quiero a un caracol de mar o una medusa, también busco el metal más apropiado. Ahora hago una colección de gaviotas, porque es un animal de diseño perfecto, compuesto por siete aros según demostraré.
–¿Estaría dispuesto a destruir toda su obra, a cambio de que le permitieran volver a empezar?
–Miquel Angel Riera me planteó si daría una hora de vida, a cambio de entrar en las enciclopedias y de recibir todos los premios. Le respondí que no, y tampoco aceptaría tu trato. No me gustaría volverme joven, me encuentro a gusto.
–¿Son las rocas o es la luz?
–Las rocas, yo les pongo la luz que quiero. En 1990 vi por primera vez la Serra de Tramuntana desde el mar.
Joan Riera Ferrari (Manacor, 1942), nieto de italiano, pintó su primer cuadro a los ocho años. Estudió Bellas Artes en Barcelona, regresó a su ciudad natal y trabajó en la decoración de hoteles como Tucán, Cala d´Or Garden o Robinson. Su pintura de grosor inusitado simboliza una visión personal de la costa mallorquina, que ha derivado hacia la escultura y la joyería.
Para que se haga cargo del tipo de entrevista: "¿Queda algo por pintar?"
–Me falta tiempo para lo que me queda por pintar. Me llaman en Joan de ses roques, pero hago otras cosas. Pinté mi primer cuadro a los ocho años, con una caja de pinturas que me regalaron a la muerte de mi madre.
–Usted pinta de frente.
–Pinto encima de una mesa, no podría utilizar caballete para sostener cuadros en que el grosor de la obra alcanza los 25 centímetros. Soy un mártir de la materia. Al principio realizaba paisajes costeros típicos, hasta que me centré en las rocas mallorquinas por sí mismas, no he visto nada igual en otras zonas del Mediterráneo.
–Esos peñascos parecen salidos de su cabeza.
–Mi pintura no tiene nada que ver con Mallorca, sólo con el drama de la roca mallorquina, que me he inventado. Cojo la barca y doy una vuelta. Una vez en el estudio, hago una composición de lo que he visto.
–En sus cuadros faltan los simpáticos chalets.
–Prefiero pintar el envejecimiento del mineral, sin construcciones humanas ni tampoco vegetación. La roca es la frontera con el resto del mundo.
–Le preocupa más la supervivencia física que estética de sus obras.
–Someto a todos mis cuadros a un chorro de agua a presión de 120 atmósferas, por eso se conservan perfectamente décadas después. Han de durar, me fabrico mi propia pintura. Hace poco me vendieron un látex no muy correcto. Aparecieron crujidos, y retiré las obras del mercado. Si una pintura no me satisface, la quemo.
–Los artistas mallorquines pintan en alemán.
–Este año hay muchos suizos, pero nunca pienso en los clientes. En mi vida me he propuesto que me compraran un cuadro, que vengan si les gusta. Con la crisis, el número de compradores ha bajado un 25 por ciento.
–¿Retrataría a su compatriota Rafael Nadal?
–Le he retratado dos veces, y ahora pintaré a su novia. Le regalé los retratos, le gustaron y se interesó por los detalles de la pintura. Admiro mucho a Rafael Nadal, sobre todo porque es una gran persona.
–También retrató a Amparo Muñoz y María José Cantudo, las musas de la transición.
–Amparo Muñoz es la mujer más bella que he visto jamás en persona, y en las fotos se perdía la mitad de su belleza. La Cantudo no era tan guapa, pero ganaba mucho por su fotogenia.
–El Cristo de Riera Ferrari escandalizó a Manacor.
–Supongo que fue la primera instalación montada en Mallorca. Era el año 1968, y coloqué al Cristo del revés, cabeza abajo, en la iglesia donde Martín Descalzo iba a explicar el Concilio. El conferenciante me dijo que "has tenido una idea genial". Sin embargo, me escupían por la calle, mi teléfono sonaba a todas horas con llamadas insultantes y el cardenal Tarancón se refirió a mí como "el subnormal de Manacor". Yo sólo quería un golpe de aire que renovara las imágenes cubiertas de polvo.
–Me impresionó que la bailarina Alicia Alonso siempre cite a la prensa en un piso repleto de cuadros de Riera Ferrari.
–No lo sabía, pero tengo más clientes fuera de Mallorca que dentro. En California, en Alemania, en Bélgica.
–Los artistas no deberían ser joviales y con buen humor.
–No entiendo por qué. Los jóvenes creadores no han padecido una guerra ni han pasado hambre, no hay que sufrir por gusto. Yo no soy conceptual, sino clásico, y pienso como Picasso que las musas te han de coger trabajando, en vez de tomando una cerveza en el mar.
–¿Pintando mucho se acaba pintando peor?
–Sí, y yo lo hago. Ahora he estado un mes sin pintar ni un solo cuadro, nunca me había pasado.
–¿Cuando pintaba a efebos nubios le hablaron de la revolución egipcia?
–Los nubios no se alteran por nada. Le pregunté a uno por qué no tenían luz y me contestó que "si la tuviéramos, pisaríamos nuestras sombras". En cambio, un catedrático de Egiptología de El Cairo ya me dijo hace dos años que se estaba preparando algo gordo.
–Diseña joyas con gambas, qué sacrilegio.
–¿Por qué? Le doy la forma que quiero a un caracol de mar o una medusa, también busco el metal más apropiado. Ahora hago una colección de gaviotas, porque es un animal de diseño perfecto, compuesto por siete aros según demostraré.
–¿Estaría dispuesto a destruir toda su obra, a cambio de que le permitieran volver a empezar?
–Miquel Angel Riera me planteó si daría una hora de vida, a cambio de entrar en las enciclopedias y de recibir todos los premios. Le respondí que no, y tampoco aceptaría tu trato. No me gustaría volverme joven, me encuentro a gusto.
–¿Son las rocas o es la luz?
–Las rocas, yo les pongo la luz que quiero. En 1990 vi por primera vez la Serra de Tramuntana desde el mar.
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